Boris Pasternak
I
¡Oh, ángel mentiroso, enseguida, enseguida
tendrías que haberlo dicho todo,
y yo te habría dado de beber pura tristeza!
Pero así, no me atrevo; así, ¡ojo por ojo!
¡Oh, aflicción, que infectó la mentira al principio!
¡Oh, dolor, oh, dolor en la travesura!
Oh, ángel mentiroso! ¡No, no es mortal sufrimiento
el del corazón, del corazón que padece un ezcema!
Mas, ¿Por qué tú al despedirte
a mi alma regalas corporal dolencia?
¿Por qué sin objeto me besas cual gota de lluvia,
y, riéndote, me matas, como el tiempo,
por todos, y ante todos?
2
¡Oh, vergüenza! ¡Tú eres una carga para mí!
¡Oh, conciencia! ¡Cuántas ilusiones,
aun perseverantes,
quedaron en ésta ruptura temprana!
¡Si yo, una persona, fuese un conjunto huero
de sienes, y labios, y ojos, manos, hombros y mejillas,
por el silbido de las estrofas, por su grito, por el signo,
por la fuerza del dolor, por la juventud de ella,
cedería a todos ellos, los llevaría al ataque
y te asaltaría a ti, vergüenza inmensa mía!
3
Apartaré de ti mis pensamientos todos
no de visita ni bebiendo vino, sino en el cielo.
En casa de los amos, al lado, al sonar el timbre,
abrirán la puerta a alguien alguna vez.
Irrumpiré en su casa, en la agitaci6n de diciembre.
La puerta tan sólo y... heme allí. Un corredor.
«¿Viene Usted de allá? ¿Qué dicen allí?
¿Qué se oye? ¿Qué chismes corren por la ciudad?
¿Se equivoca todavía la tristeza?
Y luego susurra: "Parecía igualita".
Preparándose desde unos cuarenta pies,
volará la exclamación: "¿Pero es usted?"
¿Tendrán piedad de mí las plazas?
¡Ay, si ustedes supieran qué tristeza se siente
cuando cien veces en el curso del día
le caza la calle camino de las reuniones! »
4
Prueba tú de impedírmelo. Ven,
trata de apagar
este acceso de tristeza, que hoy resuena como el mercurio
en el vacío, de Torricelli.
Prohíbeme tú volverme loco. Oh, ven,
atenta a mi estado!
¡No me dejes hablar más de ti! No te avergüences, no,
estamos solos.
¡Oh, apágalo, pues! ¡Oh, apágalo! ¡Con más fuego!
5
¡Tú trenza esta lluvia de codos helados cual olas,
y de manos de raso, cual lirios,
que su propia impotencia trocó en dominantes!
¡Despierta, júbilo ¡A la calle! Cógelos,
porque en este alegre juego has de oír
el rumor de los bosques, saturados del eco de cazas
allá en Calidonia,
do Acteón, sin juicio, persiguiera cual gamo
A Atalanta,
donde amaban azules sin fondo silbando
en equinas orejas,
se besaban las persecuciones con fieros ladridos
y caricias se hacían con toques de cuerno y crujidos de rama,
pezuñas y garras.
-¡Oh, a la calle! ¡A la calle! ¡Como aquellos!
6
¿Estás desilusionada? ¿Pensabas acaso que en el mundo
nos íbamos a separar tras el réquiem del cisne?
¿Acaso medías con pupilas dilatadas, cubiertas de lágrimas,
su invencibilidad, contando ya con el dolor?
En la misa caerían de las bóvedas pinturas murales,
conmovidas por la música del gran Sebastián.
Pero, a partir de esta noche, mi odio ve en todo
la prolijidad, y me duele no tener una fusta.
A oscuras, recobrándose al punto,
sin pensarlo un instante,
decidió con presteza que todo podía arreglarlo.
Que tiempo había. Que el suicidio no le hacía falta alguna.
Que incluso eso es también un paso de tortuga.
7
Amiga mía, mi dulce amiga. ¡Oh, exactamente igual
que la noche del vuelo desde Bergen al polo,
la cálida plumilla es arrancada por la nieve que cae
de los pies de los somormujos!
¡Te lo juro, oh, dulce amiga, te lo juro,
que yo no me esfuerzo al decirte:
olvídame, duerme, mi amiga!
Cuando, como el cadáver del noruego,
borrado hasta las chimeneas,*
contemplando inviernos que no mueven
los mástiles cubiertos de escarcha,
yo vago en resplandores de tus ojos bromistas,
tú duerme, consuélate,
la sangre no llegará al río, amiga mía,
cálmate, no llores.
Cuando, igual completamente que el Norte,
uera de los últimos poblados,
a escondidas de los árticos e incansables hielos,
como cúpula de media noche, que enjuaga los ojos ciegos
de las focas,
te digo: no te los frotes, duerme, olvida,
todo es un absurdo.
*Se refiere al explorador noruego Amundsen. (Nota del traductor.)
8
Mi mesa no es bastante ancha para apoyarse en su borde
con todo el pecho y meter el codo
pasado el límite de la tristeza, más allá del istmo
de un perdón excavado a través de tantas verstas.
(Allí es ahora de noche.) Tras tu nuca asfixiante.
(Y se han acostado a dormir.) Bajo el reino de tus hombros.
(Y apagan la luz.) Yo los devolvería por la mañana.
Rozaría el porche con su rama soñolienta.
¡No con copos! ¡Con las manos hazlo! ¡Llegarán!
¡Oh! ¡Diez dedos de tortura, con el surco
con estrellas de la Epifanía,
como signos del retraso de los trenes
que marchaban hacia el Norte
en medio de la tormenta de nieve!
9
El piano de cola, tembloroso,
relame la espuma que cubre sus labios.
Este delirio te abate, te hace flaquear.
Dirás: -¡Querido! -No -gritaré yo-,
¡no!
¿Al son de la música? -Pero, ¿se puede acaso
estar más cerca que en la semioscuridad,
lanzando los acordes, cual diario,
por completos a la chimenea, verdad?
¡Oh, comprensión asombrosa, asiente,
asiente y asómbrate! : estás libre.
Yo no te retengo. Vete, haz bien.
Vete con otros. Werther ya está escrito,
y en nuestros días hasta el aire huele a muerto:
abrir la ventana, es abrirse las venas.
1918
Versión de César Astor
Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 548
Título: la ruptura

Autor: Boris Pasternak

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:
Claudia Lars
I
El tiempo regresó —en un instante—
A la casa donde mi juventud
Quiso comerse el cielo.
Lo demás bien lo sabes...
Otros llegaron con sus palabras
Y sus cuerpos,
Buscándome dolorosamente
O dejando la niebla del camino
Entre mis pobres manos.
Lo demás es silencio...
Hoy tengo tus poemas en mis lágrimas
Y el deseado mensaje —tan tuyo—
Entra en mi corazón con mil años de ausencia.
Lo demás es poseer este milagro
Y sentirme a orillas del Gran Sueño
Como una rosa nueva.
"Dame tu mano al fin, eternamente"...
II
Busco tu voz en cada letra de los poemas
que para mí escribiste.
Tu amada voz dormida en su entierro!...
El contorno de un rumor toma vuelo y entonces
La recobro, despierta.
Sintiéndome más encendida que un diamante
Y con tu voz en el aire fresco
Me atrevo a decir, saludando al mundo:
"¿Quieren iluminarse
Con esta plenitud?"
III
Pude haber vivido cerca de ti
Suavemente
Y encender tu lámpara y sentarme
En el ancho sillón oloroso a tiempo.
Pude cortar una rosa
Y ponerla en tu escritorio
O bordar a media tarde
Un enjardinado mantel.
Ocurrió lo contrario:
Lejos anduve y sola
-Tremendamente sola-
porque no quisiste acompañarme.
Pero en idas y venidas por esos caminos,
¡Qué bien me enseñaron a conocer quién soy!
IV
En el círculo de palabras y palabras
Tu silencio era más poderoso
que cualquier sonido
Yo lo habitaba sin protestas
Entrando valientemente en sus distancias
Como patinadora sobre el hielo.
¡Ah, tu silencio mío!
¡Ah, mi sutil planeta inexplicable!
¿Era un espacio vivo
O tan solo el nombre de esta obstinación?
Al fin, después de todo...
-No falta un después en cada momento-
V
Si en la hora más quemante de mi vida
Yo hubiera encendido, por lo menos,
La orilla de tu corbata...
Todo sería distinto!
Pero no lo permitiste —¿Recuerdas?—
Y entonces fui, como jamás lo he sido
Una desesperada.
Guardo tu palidez esquiva
Y los ojos que no iban a entregarse
Aunque acabara el mundo.
Después algo me hiere no sé dónde
Y me ahogo y respiro soledades
Y estoy metida hasta los huesos
En un laberinto
¿Cómo logré salvarme?
Porque yo olía a flor
-En la hora más ciega de mi vida-
Y lo único que deseaba intensamente
Era caer sobre tu cuerpo como una flor.
VI
Si todo fuera distinto
Yo no tendría un largo viaje en los ojos
Y en esta soledad
Versos y versos...
Si todo fuera distinto
Yo sería a tu lado una dicha completa
Y la mitad de tu alma.
VII
Si llegaras por esa puerta
Tal vez te extrañaría mi pelo gris-azul,
Con reflejos plateados.
Le pongo un suave tinte _por supuesto_
Pero no creas que me engaño.
Envejecer es un problema. Sin embargo,
Yo no envejezco entristeciéndome.
Si regresara con lo vivido hasta el domingo
Que al lado tuyo se hizo viernes,
Creo que volvería a ser la misma amorosa
Y que de nuevo te daría
Un rato tremendo.
VIII
El tiempo... ¿Qué es el tiempo?
Para mí no ha pasado
Desde aquellas noches de lunas amarillas,
Cuando me llevabas a las reuniones de los sábados...
Me sentí joven al leer tus poemas
Y me dio vergüenza experimentar esa delicia.
Con un gajo de sueños juveniles
Caí en profundo sueño.
Hoy me burlo del tiempo
Y hasta le hago cosquillas
En las barbas.
Así, medio jugando,
Voy a meterlo por un mes
En el armario.
IX
Toda una vida lejos de ti.
Toda una vida...
Por qué?... ¿Quieres decirlo?...
Hubiera sido tan hermoso
Mirar la misma estrella
Desde nuestra ventana.
X
Hay muchos años entre mi amor
Y tu ausencia.
Con ellos puedo escribir
Una historia larga.
Hay mil cosas que quisiera decirte
Dulcemente...
¿Pero cómo expresar lo inefable?
XI
Tal vez nunca contestes mis cartas.
Ya nada espero ni pido nada.
A estas horas sería ridículo preguntar al cartero
Si me trae un sobre que brilla
Como pequeño astro.
XII
No sé a quien contarle que regresaste de repente,
Con tu lenguaje extraordinario
Y con todo lo que sabe
De la eternidad.
Confiaré a un joven puro mi secreto,
Para que él lo celebre viviendo.
Sería triste que nadie conociera
Mis llamaradas y mi sal.
XIII
Si el príncipe Siddharta apareciera ahora
Cerca de mí, muy cerca,
Creo que me diría suavemente:
"Rompe ese lazo dulce.
¿Acaso no conoces lo que enseñé?"
pero la ley de Samsara es fiel y exacta:
el nudo no podrá deshacerse
hasta que tú y yo alcancemos, juntos,
la más definitiva palpitación
del encuentro.
Crece la noche... crece...
Y el Pensativo de Rostro Inmutable
Cuenta con sus ojos
Mi verdadera edad.
XIV
Cuando todo se cumpla
En otra vida, porque aquí ya es muy tarde_
Conoceré mejor el poder de los recuerdos
Y viviré en tu casa.
XV
Y ahora un "hasta siempre"... un "te agradezco"...
Descubrí mi esperanza.
Aquí se anuncia la mañana con un ángel
Y con una semillita de antigüedad.
* * *
Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 933
Título: cartas escritas cuando crece la noche

Autor: Claudia Lars

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:
Jorge Manrique
Es amor fuerça tan fuerte
que fuerça toda razón;
una fuerça de tal suerte,
que todo seso convierte
en su fuerza y afición.
Una porfía forçosa
que no se puede vencer,
cuya fuerza porfiosa
hacemos más poderosa
queriéndonos defender.
Es placer en c'hay dolores,
dolores en c'hay alegría,
un pesar en c'hay dulzores,
un esfuerzo en c'hay temores,
temor en c'hay osadía.
Un plazer en c'hay enojos,
una gloria en c'hy pasión,
una fe en c'hay antojos,
fuerza que hacen los ojos
al seso y al coraçón.
Es una catividad,
sin parescer las prisiones,
un robo de libertad,
un forzar de voluntad
donde no valen razones.
Una sospecha celosa
causada por el querer,
una rabia deseosa
que no sabe qu'es la cosa
que desea tanto ver.
Es un modo de locura
con las mudanzas que hace:
una vez pone tristura,
otra vez causa folgura,
como lo quiere y lo plaze.
Un deseo que al ausente
trabaja, pena y fatiga;
un recelo que al presente
hace callar lo que siente,
temiendo pena que diga.
Cabo
Todas estas propiedades
tiene el verdadero amor.
El falso, mil falsedades,
mil mentiras, mil maldades
como fengido traidor.
El toque para probar
cuál amor es bien forjado,
es sufrir el desamar,
que no puede comportar
el falso sobredorado.
Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 426
Título: diciendo qué cosa es amor

Autor: Jorge Manrique

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:
Clocharc
Ganas de no recordarte , solo alejarme de ti y olvidar todo este odio , todo este rencor que te tengo, porque no vale la pena llorar, no vale la pena extrañarte si no vas a estar acá , si jamas vas a regresar a mi lado, ya te fuiste pero no físicamente , porque tu sigues acá, ya te fuiste de mi corazón,de mis pensamientos ,ya te fuiste de mis recuerdos.
A veces pienso que quiero recordarte toda la vida,pero no me quiero hacer mas daño con tu recuerdo, porque se que eso vas a ser , solo un recuerdo y un martirio, un martirio pensar en que estas haciendo , si igual lo vas a hacer, pensar a donde te vas , si igual te vas a ir , pensar con quien estarás, si igual vas a estar con alguien.
Ya te perdí, lo admito , pero eres tu quien no quiere que te recupere, no me dejas, simplemente has hecho mas alto el muro que había ya entre los dos, has hecho que a ese muro ya no me pueda asomar y enviarte un beso o mirarte fijamente a los ojos , con esa mirada que lo dice todo y que solo tu sabes descifrar , tu sabes que cuando me preguntas que tengo yo te digo nada , estoy mintiendo, tu sabes que tengo un miedo dentro de mi , un miedo que mata,que dan ganas de desaparecer, un miedo que lamentablemente he aprendido a manejar y a vivir con el , que he aprendido como sobrellevarlo , como hacerlo cotidiano , aunque me destruya , ya he aprendido a vivir con todo esto, con la tortura de no tenerte.
Lo envió: Clocharc
30/09/2009 11:09
Veces mostrado: 254
Título: Olvido

Autor: Clocharc

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: 15-03-2007
Idioma: Español