Vicente Núñez
Dejar de serlo tras de haberlo sido.
Dejar de amar después de haber amado.
Dejarlo todo y no haber dejado
nada que no estuviera ya perdido.
Haber tenido el corazón rendido
como quien se sabía derrotado.
Haberlo puesto todo en el costado
de una llaga sin daga y sin sentido.
Haberle dicho un día y otro día
que era como la flor de la alfaguara.
Haber caído en tan adversa suerte,
yo que lo quise tanto y se reía.
Tener la gloria entre las manos para
abandonarla en brazos de la muerte.
* * *
Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 2011
Título: a lo divino

Autor: Vicente Núñez

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:
Attila József
De la muerte,
que te acecha por dentro y por fuera
(asustado ratón, corre a tu agujero),
huyes apasionado
hacia aquella que amas
para que te proteja con brazos, rodillas, y senos.
No sólo sus senos te atraen,
cálidos y blandos; no sólo
la pasión: la necesidad también.
Por eso besan
con la sangre ardiendo en sus venas
todos aquellos que encuentran mujer.
Es una doble carga
y un doble tesoro para el hombre.
Quien ama y no logra hacerse amar,
es tan desamparado
como una fiera herida
sin asilo ni refugio.
Ya no tienes otra salida
aunque bien hubieras podido
matar a tu madre antes del parto.
Pero mira: hubo una mujer
que comprendía estas palabras,
y, no obstante, me echó de su lado.
Así pues, no tengo lugar
entre los vivos. La cabeza me zumba;
mi dolor y ansiedad, son un enredo.
Soy como el niño que,
dejado solo por sus padres,
agita un sonajero entre sus dedos.
¿Qué podría hacer yo
por ella y contra ella?
No me avergüenza imaginarlo
pues el mundo rechaza
a los que el sueño atemoriza
y son cegados por el día claro.
De mí se despoja
la cultura, como de sus ropas
aquel que en amor es dichoso.
¿Pero dónde está escrito
que tenga que sufrir solo
mientras ella me contempla estremecido por la muerte?
Sufre el recién nacido
con su madre en el parto:
el dolor se disminuye al compartirlo.
En cuanto a mí,
el canto doloroso solo me traerá dinero
acompañado por vergüenza y agonía.
¡Socorredme chiquillos!,
que cuando ella pase
revienten vuestros ojos puros.
¡Inocentes niños!,
chillad como si os pisoteasen, por favor,
y decidle: ¡Duele mucho!
¡Perros fieles!,
caed bajo las ruedas
y ladradle: ¡Duele mucho!
¡Mujeres embarazadas!,
abortad vuestra carga,
y lloradle: ¡Duele mucho!
¡Hombres íntegros!
cambiad golpes brutales
y gemidle: ¡Duele mucho!
¡Y vosotros, muchachos!
que os destrozáis por mujeres,
no lo calléis: ¡Duele mucho!
Toros, caballos,
que para uncir al yugo castran,
bramadle: ¡Duele mucho!
Peces mudos, morded
el anzuelo bajo el agua helada
y boqueadle: ¡Duele mucho!
Y vosotros, vivientes,
conmovidos por el dolor,
que ardan vuestros techos y surcos,
y, en torno de su lecho,
calcinados, mascullad conmigo
mientras ella duerme: ¡Duele mucho!
Que mientras viva lo escuche.
Ha rechazado lo mejor de sí misma. Ella ha actuado mal,
y por su comodidad ha despojado de este mundo
el último refugio
de un hombre que trata de esconderse
por dentro y por fuera.
Lo envió: stik_aki
06/07/2009 07:07
Veces mostrado: 242
Título: Duele mucho

Autor: Attila József

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma: Español
Octavio Paz
¿DE QUÉ cielo caído,
oh insólito,
inmóvil solitario en la ola del tiempo?
Eres la duración,
el tiempo que madura
en un instante enorme, diáfano:
flecha en el aire,
blanco embelesado
y espacio sin memoria ya de flecha.
Día hecho de tiempo y de vacío:
me deshabitas, borras
mi nombre y lo que soy,
llenándome de ti: luz, nada.
Y floto, ya sin mí, pura existencia.
Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 531
Título: día

Autor: Octavio Paz

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:
Darío Jaramillo Agudelo
Con este piano conozco la dulzura única de un tiempo mío,
tiempo sin fecha y sin memoria,
todo fue, todo es, todo será
este flujo, este juego, esta caricia del piano.
Tiemblo de emoción, aplaudo el encore de Malcuzinski
y vitoreo y aún floto,
alucino entre valses y nocturnos.
Germán a mi lado tiene 16 o 17 años
y yo soy eterno ya,
mortal y eterno como Germán mi amigo de la infancia.
¿Es tan ridículo llorar de la alegría?
¿Puedo confesar este perfume de violetas,
admito mi cielo azul adentro, mi agua fresca en el alma?
Mañanas tranquilas bajo un sol indulgente:
se oye correr el agua, el piano muestra bosques,
verdes campos de cultivo, vacas mudas con ubre generosa.
Chopin hace el milagro.
Chopin detiene minutos y hemorragia.
Chopin es un sedante, sólo este piano y los restos de vida.
El piano, el tres por cuatro del vals atándome a la vida,
Chopin en mi oído anunciándome la lejanía de la muerte.
La música me lleva de la mano
por fuera del tiempo y por dentro,
por encima de mí,
viéndome otro me lleva de la mano,
soy uno que se aburre, uno que llora,
otro -el más miserable- que con ansias espera:
ninguno de ellos mientras el vals me lleve de la mano,
el vals sopla brisas de paz en mis entrañas,
me enseña a transcurrir,
todo llega, me repite el vals irrepetible siempre,
el vals irrepetible me cuenta la historia de otro más sereno que seré,
en una clave sin acosos me repite algo que todavía ignoro,
otro aprendizaje elemental que no percibo,
que el piano apenas insinúa.
* * * * *
Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 424
Título: nocturno, vals, mazurka, polonesa

Autor: Darío Jaramillo Agudelo

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:
Gil Vicente
Dicen que me case yo:
No quiero marido, no.
Más quiero vivir segura
n'esta sierra a mi soltura,
que no estar en ventura
si casaré bien o no.
Dicen que me case yo:
No quiero marido, no.
Madre, no seré casada
por no ver vida cansada,
o quizá mal empleada
la gracia que Dios me dio.
Dicen que me case yo:
No quiero marido, no.
No será ni es nacido
tal para ser mi marido;
y pues que tengo sabido
que la flor ya me la só,
dicen que me case yo:
No quiero marido, no.
Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 385
Título: dicen que me casé yo

Autor: Gil Vicente

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:
Octavio Paz
Llegas, silenciosa, secreta,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia
que enciende lo que toca
y engendra en cada cosa
una avidez sombría.
El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente
contra invisibles huestes.
Verdad abrasadora,
¿A qué me empujas?
No quiero tu verdad,
tu insensata pregunta.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma
mas hace arder todas las formas.
Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
ejército, marea.
Creces, tu sed me ahoga,
expulsando, tiránica,
aquello que no cede
a tu espada frenética.
Ya sólo tú me habitas,
tú, sin nombre, furiosa substancia,
avidez subterránea, delirante.
Golpean mi pecho tus fantasmas,
despiertas a mi tacto,
hielas mi frente,
abres mis ojos.
Percibo el mundo y te toco,
substancia intocable,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
y mis bodas de tierra.
Nublan mis ojos imágenes opuestas,
y a las mismas imágenes
otras, más profundas, las niegan,
ardiente balbuceo,
aguas que anega un agua más oculta y densa.
En su húmeda tiniebla vida y muerte,
quietud y movimiento, son lo mismo.
Insiste, vencedora,
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,
substancia de mi alma.
Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.
Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.
Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 702
Título: la poesía

Autor: Octavio Paz

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:
Homero Aridjis
Déjame entrar a tu íntimo alfabeto
para saber lo tuyo por su nombre
y a través de tus letras
hablar de lo que permanece
y también de auroras y de nieblas
Déjame entrar para aprenderte
y girar en tu órbita de voces
hablándote de lo que me acontece
describiéndote a ti
Quiero dar testimonio a los hombres
de tus enes y tus zetas
desnudarte ante ellos como una niña
para que todos se expresen con acento puro.
Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 4675
Título: déjame entrar a tu íntimo alfabeto

Autor: Homero Aridjis

Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma: