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la escarcha mutua
Luis Rosales
¿No piensas tú que todo ha sido un sueño,
pues no es posible que sea real esta ventura infinitiva
       que nosotros tenemos,
y llena nuestras vidas igual que el aire llena una habitación,
sin dejar un vacío,
ni una sombra de nieve en nuestros labios?
¿No piensas tú que las imágenes del sueño son migajas de
       ayer,
humo que se deslíe de unas sombras
que hemos vivido en otro tiempo,
y tal vez
con distintos amantes que van superponiéndose en nuestros
       ojos
como el tronco de un árbol se hace con diferentes capas de
       madera?
¿No piensas tú que los amores que tuvimos,
los amores que hemos ido enterrando al largo del vivir,
se interfieren entrelazándose
y a veces son lianas de apretura y verdor
y a veces son de escarcha mutua?

Cuando te veo reír hay ocasiones en que no sé por qué te ríes,
por quién estás riendo,
y algunas veces,
de igual modo,
cuando se sobreponen nuestros cuerpos,
se me empaña la vista
ya que para llegar hasta tu origen
tengo que compartirte
-lo sé muy bien sabido-,
tengo que compartirte con distintas personas,
tus padres, tus amigos, tus amantes,
y sufro
y no me importa
porque tengo que hacerlo,
es necesario,
amiga mía,
lo mismo que al entrar por vez primera en una casa donde
       vas a vivir,
los ojos agolpados se quedan huérfanos de nacimiento
pues necesitan ver lo que no han conocido,
lo que no he conocido de tu vida anterior
y tengo que hacer mío pues ya me constituye por amarte.

La vida es una herencia sucesiva
y yo sé que he heredado tu cuerpo,
tus palabras,
tus sombras,
y por eso cuando estoy a tu lado
siento a veces una habilitación desconectada como si me
       movieran las raíces,
pero siento también una alegría hecha de imágenes
       superpuestas
que se organizan en mi memoria como un collage
y esto suele pasarme entrando en nuestra casa,
pues entonces recuerdo
que hemos vivido anteriormente
-¿con quién lo hemos vivido?-,
muy quietecitos en un diván
ligeramente verde y ahora estoy viendo otro ligeramente
       gris,
y los colores se confunden en mi retina,
y el tiempo se convierte en un hotel con las habitaciones
incomunicadas,
pues recuerdo,
y nunca dejo de recordar ,
que nosotros hemos estado muy quietecitos y muchas veces
en una casa ajena y con jardines que era una prohibición,
una casa con discos en las sillas y cartas de navegar en las
       paredes,
y en ella era imposible naufragar,
y nunca naufragamos,
ni podíamos hacerlo puesto que en el diván ligeramente
       verde
siempre estábamos saludándonos como los barcos se saludan
       en la lejanía,
y tú me hablabas a todas horas del mismo tema
pues el dolor es igual que el invierno,
y las palabras se iban quedando quietas en tu boca,
quietas y diluyéndose
como las flores en un vaso.

Hay nombres que es difícil recordarlos
y nombres que llevamos con nosotros como se lleva un traje,
pero no debes olvidar
que aquellos días eran de luto,
y así empezó nuestra ventura,
esta ventura un poco amordazada
que tuvo nombre ajeno en su partida de bautismo,
¡no puedes olvidarlo!
no puedes olvidar que la fidelidad a una agonía
hizo que nos amáramos de una manera extraña
igual que la respiración se convierte en silencio junto a una
       cama de hospital.
La muerte todo lo hermosea
y el luto iba creciendo entre nosotros,
creciendo y habitándonos,
y nuestros ojos se coagulaban al mirarse
porque durante mucho tiempo, amiga mía, fuimos los brazos
       de una cruz.
Así tenía que ser
ya que lo verdadero es como un río
y el agua va tomando la forma de su cauce;
así debía de ser
ya que lo verdadero es como un molde
que da su forma a todo lo existente
¡y hay tantas cosas en la vida que se viven así desde un
hueco anterior que las sitúa
y les da su lugar en la tierra!
y hay tantas cosas nuestras que nacieron de un hueco,
y no sé si han pasado, ¡no lo sé!,
pues sólo tú puedes decirme
si hay algo entre nosotros que no ha nacido para morir
y es perdurable,
lo mismo que ese nombre o ese hombre que dio su forma
       a nuestro amor
cuando sólo era un hueco bajo tierra,
esto es: una verdad,
que aún dice sus palabras en nosotros,
que aún vive, pero sólo entre nosotros, para siempre jamás.

20 de agosto de 1976



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
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Título: la escarcha mutua
Autor: Luis Rosales Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO Ver todos los poemas disponibles de este libro
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