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27. de sobre el olvido
Ibn Hazm de Córdoba
Si mira, el que está vivo muere por su mirada.
Si habla, dirías que se ablandan las piedras.
Es el amor como un huésped que hizo alto en mi espíritu:
mi carne es su alimento; mi sangre, su bebida.

* * *

Es paciente para soportar la pobreza a que ha de seguir la gloria,
aunque las nubes lluevan fuego sobre él;
pero se impacienta contra los consuelos que le deparan
una vida oscura, pues a veces el bienestar es un tormento.

* * *

Dejadme a mí que insulte a mi amado,
pues, aunque aparente desdén, no soy enemigo.
Mis injurias al amado son como eso que se dice:
«-¡Mátelo Dios y qué bien lo ha hecho!»

* * *

El que olvida a los que ama no es como el que se consuela de perderlos.
No es igual renunciar de industria que no poder.
El que domina su alma no es como el que a ella cede.
El que es naturalmente paciente no es como el que se esfuerza en serlo.

* * *

Obrad como si no os hubiera conocido nunca,
que yo también obraré como si no me hubieseis conocido ni amado.
Siendo como soy el eco, que responde a lo que se le diga,
si queréis hoy algo, pensad 10 bien antes.

* * *

¡Oh tiempo maravilloso en que eras tú
más querido para mí que mi alma y mi familia!
Pero la mano del desdén no nos dejó
hasta que sus dedos te plegaron como un rollo sellado.
Me escancia vuestro desdén tanto acíbar
cuanto amor me escanciaba vuestra unión.
Veo que la unión amorosa es la verdadera base de la pasión
y que un largo desdén es la raíz del olvido.

* * *

Si antes me hubieran dicho:
«-Olvidarás a quien amas»,
mil veces habría jurado :
«-Eso no sucederá nunca.»
Pero ya que tras un largo desdén
fuerza es que venga el olvido,
bendito sea tu desdén,
pues que trabaja y se fatiga en curarme.
Ahora me maravillo del olvido,
como antes me maravillaba de la firmeza,
y veo ya tu amor como unas brasas
que arden, pero bajo la ceniza.

* * *

Me estremezco por un sol que, cuando se pone,
tiene por ocaso la oscuridad de los gabinetes;
un sol encarnado en esta doncella,
de figura como un blanco rollo de pergamino.
No es humana más que de linaje;
no es un genio más que en la apariencia.
Su rostro es una perla; su cuerpo, un jazmín;
ámbar su aliento; toda ella, luz.
Tan lenta camina entre Sus vestiduras,
como si pisara huevos o el filo de pomos de cristal.

* * *

No la censures porque huye y rehúsa la unión.
¿Cómo es posible tildarla por eso?
¿Hay media luna que no esté lejana
o existe gacela que no sea esquiva?

* * *

Negaste a mis ojos tu bello rostro
y fuiste conmigo avara de tus palabras.
Veo que has hecho al Misericordioso voto de silencio,
y que no hablarás hoy a ningún viviente.
Pero has cantado versos de al-' Abbās.
¡Enhorabuena, al' Abbās, enhorabuena!
De encontrarte' Abbās, tomaría entre ojos
a Fawz y se enamoraría de ti.

* * *

Hace llorar por un difunto que murió muy honrado,
cuando más merecería el vivo que por él corrieran las lágrimas.
¡Maravilloso es que esté triste por quien bajó al sepulcro
y no lo esté por el que es asesinado injustamente!

* * *

Tu amor, al que no he de acercarme, es falaz.
Tú sirves de lecho a todo el que llega.
No te contentas con un solo amante
y tienes en torno tuyo una gran turba.
Si yo fuese príncipe, este príncipe no pretendería
verte, por miedo del tropel.
Te pareces a los deseos, que, por muchos que sean,
aceptan a todo el que se llega a ellos
y no rechazan a nadie que venga,
aunque la trompeta haya convocado a todo el género humano.

* * *

Deja eso, aprovecha el tiempo, ensilla
a los jardines de las colinas las monturas del vino,
y arréalas con melodías exquisitas de laúd
para que se exciten al escuchar la flauta.
Mejor que pararse junto a las viejas moradas
es parar los dedos en las cuerdas.
El narciso sin par semeja un enamorado
que lánguidamente mira y se ladea como un borracho.
Su color es el del amante macilento.
A no dudar, está prendado del lirio.

* * *

Tengo dos propiedades que me han hecho gustar tragos muy amargos,
que han turbado mi vida y destrozado mi firmeza.
Cada una de ellas quiere arrastrarme hacia su bando:
soy como una presa de la que tiran un lobo y un león.
Una es la lealtad a toda prueba: nunca me separé del amado,
que dejara de estar eternamente triste por él.
La otra es el amor propio, en cuyo patio no puede parar la ofensa,
aunque me costara sacrificar los bienes y los hijos.

* * * * *



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
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Comentario:
Título: 27. de sobre el olvido
Autor: Ibn Hazm de Córdoba Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO Ver todos los poemas disponibles de este libro
Fecha en que fue escrito: -
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