Sábado, 25 del 10 de 2014
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Poema del día

•
Julia Uceda
Hay un vacío en el que no se oyen las zapatillas.
Y otro más profundo: el que disuelve nuestras manos.
Y nuestro cuerpo. Y sólo flotan unos ojos
que no lo parecen. Aunque daría lo mismo
porque ya no pensamos con palabras
que todo lo confunden.
                                                  Además
¿para qué edificar un templo de un grito?
Un grito que no suena en la expansión de las constelaciones.
Un grito que no oye el pastor de planetas.
Un grito que se llena, como un cubo, de huecos.
Un templo que visitan arenas y huracanes.
La boca ha gritado,
¿de qué huerto ha venido? ¿En qué lejana flor
se hará otra vez silencio,
historia no aprendida
y vida sin pregunta?
                                                  ¿En qué agua de otro tiempo
se pulió la mandíbula y su origen?
¿En qué apagado sol
se removió su cero antes del cero?
Gritar: tan sólo un accidente, una arruga en el aire.
                                                  Y un destrozo,
un harapo de algo; un desgarrón superfluo
desde el violento, desde el distraído
que empuja, pisa y habla alto. No grita.
                                                  Alto, sólo, habla.
Se oye su voz pavorreal.
Y el grito se desenrosca desde su sima profunda:
un poquito de aire que, primero,
tropieza con la esquina del pulmón,
garganta arriba. Luego ulula, asalta
la pared que contiene su infinitud,
su triste desmesura,
arañando su cárcel, resuelto en templo,
ecos en frío crisopacio que se aleja,
en el tiempo, de la boca: su nido.
Y nada alrededor. La boca mueve
sus alas sin sonido, sin sentido,
entre el agua y el huerto,
entre hueso temprano y légamo futuro,
entre el cero y el cero.
Entre el cero y su carga.



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 3327
Comentario:
Título: el silencio Ver poema "el silencio" completo (en nueva ventana)
Autor: Julia Uceda Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO Ver todos los poemas disponibles de este libro
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:




Listado de poemas

•
Pedro R Santos
Un negro le preguntó a Dios Todopoderoso
Por qué tan grande su bemba
Y Dios le dice que en la selva africana
Puede con ella comer y saborear lo que venga

Pregunta el negro entonces a Dios
Por qué su nariz tan grande, chata y fea
A lo que Dios le responde que en la selva africana
Con ella puede oler lo que sea

Insiste el negro con sus preguntas
Esta vez sobre el porqué de su color oscuro
A lo que Dios le explica suavemente que es
Para resistir el sol de África, que es tan duro

Pregunta el negro de nuevo a Dios
Por qué su pelo tan duro y encaracolado
A lo que Dios le explica que en la selva africana
Su pelo en los arbustos nunca quedará enredado

Si todos estos atributos que me ha dado, Señor Dios
Son para sobrevivir en la selva africana
Podría usted explicarme entonces
Qué carajo hago yo en La Habana



Lo envió: pedrin6
19/07/2011 07:07
Veces mostrado: 3267

Comentario:
Adaptado de un cuento de Pepe Bernardo. Sin intención de ofender!
Título: Un Negro Con Dudas Ver poema "el silencio" completo (en nueva ventana)
Autor: Pedro R Santos Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: INÉDITO
Fecha en que fue escrito: 18-07-2011
Idioma: Español


•
Juan Secaira
El roce sin nombre de los cuerpos, las manchas redondeadas acariciando el suelo. El silencio atestigua la escena; el hombre permanece sentado -desperdigado-, sus restos, sus recuerdos, las paulatinas angustias de su existencia yacen inertes, descolgadas de la razón, alfombrando una pizca de tristeza en aquellas baldosas viejas. Pizca que se desvanece en el eco del último disparo. Así.



Lo envió: JuanSecaira
22/02/2010 09:02
Veces mostrado: 1773
Título: Una pizca Ver poema "el silencio" completo (en nueva ventana)
Autor: Juan Secaira Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma: Español


•
Edgar Allan Poe
Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones,
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
inclinaba soñoliento la cabeza, de repente
a mi puerta oí llamar;
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta
mano tímida a tocar:
"¡Es - me dije - una visita que llamando está a mi puerta:
eso es todo y nada más!".

¡Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
Cuan ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura
procurando en vano hallar
tregua a la honda desventura de la muerta Leonora;
la radiante, la sin par
virgen rara a quien Leonora los querubes llaman, ahora
ya sin nombre... ¡nunca más!

Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras,
de tal modo que el latido de mi pecho palpitante
procurando dominar,
"¡Es, sin duda, un visitante-repetía con instancia-
que a mi alcoba quiere entrar:
un tardío visitante a las puertas de mi estancia...,
eso es todo, y nada más!"
.

Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando:
"Caballero, dije, o dama: mil perdones os demando;
mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza
me vinistéis a llamar,
y con tal delicadeza y tan tímida constancia
os pusistéis a tocar,
que no oí"
, dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia:
¡sombras sólo y... nada más!

Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños,
quedé allí-cual antes nadie los soñó-forjando sueños;
más profundo era el silencio, y la calma no acusaba
ruido alguno..., resonar
sólo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora
yo me puse a murmurar,
y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora...!
Esto apenas, ¡nada más!

A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia,
Pronto oí llamar de nuevo, esta vez con más violencia:
"De seguro-dije-es algo que se posa en mi persiana,
pues, veamos de encontrar
la razón abierta y llana de este caso raro y serio,
y el enigma averiguar:
¡Corazón, calma un instante, y aclaremos el misterio...:
es el viento, y nada más!".

La ventana abrí, y con rítmico aleteo y garbo extraño,
Entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto,
con aspecto señorial,
fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta
de mi puerta el cabezal;
sobre el busto que de Pallas representa
fue y posóse, y ¡nada más!
Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza
con su grave, torva y seria, decorosa gentileza;
y le dije: "Aunque la cresta calva llevas, de seguro
no eres cuervo nocturnal,
¡viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla...!
Dime, ¿cuál tu nombre, cuál,
En el reino plutoniano de la noche y de la niebla...?

Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".

Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho,
si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho;
pues preciso es convengamos en que nunca hubo criatura
que lograse contemplar
ave alguna en la moldura de su puerta encaramada,
ave o bruto reposar
sobre efigie en la cornisa de su puerta cincelada,
con tal nombre: "Nunca más".

Mas el cuervo fijo, inmóvil, en la grave efigie aquélla,
sólo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
vinculada, ni una pluma sacudía, ni un acento
se le oía pronunciar...
Dije entonces al momento: "Ya otros antes se han marchado,
y la aurora al despuntar,
él también se irá volando cual mis sueños han volado".

Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".

Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido,
"no hay ya duda alguna -dije-, lo que dice es aprendido;
aprendido de algún amo desdichoso a quien la suerte
persiguiera sin cesar,
persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de, en su duelo,
sus canciones terminar
y el clamor de su esperanza con el triste ritornelo
de: ¡Jamás, y nunca más!".

Mas el cuervo provocando mi alma triste a la sonrisa,
mi sillón rodé hasta el frente de ave y busto y de cornisa;
luego, hundiéndome en la seda, fantasía y fantasía
dime entonces a juntar,
por saber que pretendía aquel pájaro ominoso
de un pasado inmemorial,
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y odioso
al graznar: "¡Nunca jamás!".

Quedé aquesto investigando frente al cuervo, en honda calma,
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.
Esto y más-sobre cojines reclinado-con anhelo
me empeñaba en descifrar,
sobre el rojo terciopelo do imprimía viva huella
luminosa mi fanal,
terciopelo cuya púrpura ¡ay! Jamás volverá élla
a oprimir, ¡ah, nunca más!

Parecióme el aire, entonces, por incógnito incensario
que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario,
perfumado. "¡Miserable ser-me dije-Dios te ha oído,
y por medio angelical,
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora
te ha venido hoy a brindar:
bebe, bebe ese nepente, y así todo olvida ahora!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".

¡Oh, Profeta -dije- o duende!, mas profeta al fin, ya seas
ave o diablo, ya te envía la tormenta, ya te veas
por los ábregos barrido a esta playa, desolado
pero intrépido, a este hogar
por los males devastado, dime, dime, te lo imploro.
¿Llegaré jamas a hallar
algún bálsamo o consuelo para el mal que triste lloro?.
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".

"¡Oh, Profeta -dije- o diablo! Por ese ancho, combo velo
de zafir que nos cobija, por el sumo Dios del cielo
a quien ambos adoramos, dile a esta alma dolorida,
presa infausta del pesar,
si jamás en otra vida la doncella arrobadora
a mi seno he de estrechar,
la alma virgen a quien llaman los arcángeles Leonora...".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".

"¡Esa voz, oh cuervo, sea la señal de la partida
-grité alzándome-, retorna, vuelve a tu hórrida guarida,
la plutónica ribera de la noche y de la bruma...!
¡De tu horrenda falsedad
en memoria, ni una pluma dejes, negra! ¡El busto deja!
¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho! ¡De mi umbral tu forma aleja...!".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".

¡Y aun el cuervo inmóvil!, fijo, sigue fijo en la escultura,
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura....
y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo,
las visiones ve del mal;
y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo flota..., nunca
se alzará..., nunca jamás!

Versión de Juan Antonio Pérez Bonalde    ( Tomado de



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 2283
Título: el cuervo 2a versión Ver poema "el silencio" completo (en nueva ventana)
Autor: Edgar Allan Poe Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:




•
Alberto Angel Montoya
¿Cómo quieres que cese la querella
que hace hoy de ti un sueño preterido,
si a mi voz el rencor sella tu oído,
y el orgullo a tu voz el labio sella?

Alárgame tu amor, y hasta la estrella
subiré de tu alma, en un olvido
de todo lo gozado y lo sufrido;
hazte más mía y devendrás más bella.

Será otra vez tu juventud el sueño
de ayer y siempre; y en el dulce empeño
de ser yo tuyo para tú ser mía,

matará nuestro amor su desengaño.
Para borrar las lágrimas de un año,
basta el glorioso sonreír de un día.



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 1990
Título: querella Ver poema "el silencio" completo (en nueva ventana)
Autor: Alberto Angel Montoya Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:


•
Claudia Lars
Nos está decretado separarnos.
Tal vez sea mañana...
He vivido a tu lado muchos días
sin ser lo que deseabas.

Has cogido en tus manos, suavemente,
mi tibia mano huraña;
has tejido en tu pecho nido quieto
donde caben mis alas.

Para librar mi ruta de peligros
fuiste apartando zarzas;
con tu filo de luz abriste puertas
en mi noche cerrada.

Me has mirado de frente, con serena
pupila de confianza;
me has dicho la palabra de ternura
sencilla y cotidiana.

Me regalaste la fragancia leve
de flor inmaculada
y esa leve fragancia del ensueño
casi no era fragancia...

Nos está decretado separarnos...
Ya la pena lejana
en recónditas voces de amargura
anuncia su llegada.

Sin embargo... sospecho que me escondes
la retorcida llama
que se yergue obstinada en tu silencio
y que valiente apagas.

Sé que en tus labios duerme el beso largo
que vence y arrebata;
en tu cuerpo de arcángel está preso
el dragón de las ansias.

Y en mi sangre, también, late el impulso
que hay en las viejas razas.
¡Madura estoy como la fruta dulce
que se inclina en la rama!

Pero la dicha inmensa de querernos
nos ha sido vedada.
Después vendría la infinita angustia
que colma y no se acaba.

Nos está decretado separarnos.
La vida nos reclama
el valor del adiós... ¡Están más juntas
las almas solitarias!

Escogeré, por eso, rumbos nuevos
que el horizonte alcanzan;
me llevaré el dolor de haberte hallado
y de darte la espalda.

Otras te ofrecerán, pleno y cumplido,
el goce que soñabas;
en frágiles espejos de quimera
me has de ver reflejada.

Tu anhelo ha de buscarme en toda forma
y yo seré fantasma;
me has de sentir, como inquietud perenne,
clavada en tu esperanza.

Cuando creas que me hundo en el olvido
estaré más cercana:
amor que por Amor deja el deleite
es eterno en el alma.

Nos está decretado separarnos
y mi adiós se adelanta...
¡Fulge en mi corazón tu nombre claro
en un prisma de lágrimas!


* * *



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 3066
Título: canción del adiós que se presiente Ver poema "el silencio" completo (en nueva ventana)
Autor: Claudia Lars Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:


•
Félix María Samaniego
FÁBULA VII

7. La mariposa y el caracol

Aunque te haya elevado la fortuna
Desde el polvo a los cuernos de la luna,
Si hablas, Fabio, al humilde con desprecio
Tanto como eres grande serás necio.
¡Qué! ¿Te irritas? ¿Te ofende mi lenguaje?
«No se habla de ese modo a un personaje.»
Pues haz cuenta, señor, que no me oíste,
Y escucha a un Caracol. Vaya de chiste

En un bello jardín, cierta mañana,
Se puso muy ufana
Sobre la blanca rosa
Una recién nacida Mariposa.
El sol resplandeciente
Desde su claro oriente
Los rayos esparcía;
Ella, a su luz, las alas extendía,
Sólo porque envidiasen sus colores
Manchadas aves y pintadas flores.
Esta vana, preciada de belleza,
Al volver la cabeza,
Vio muy cerca de sí, sobre una rama,
A un pardo Caracol. La bella dama,
Irritada, exclamó: «¿Cómo, grosero,
A mi lado te acercas? Jardinero,
¿De qué sirve que tengas con cuidado
El jardín cultivado,
Y guarde tu desvelo
La rica fruta del rigor del hielo,
Y los tiernos botones de las plantas,
Si ensucia y come todo cuanto plantas
Este vil Caracol de baja esfera?
O mátale al instante, o vaya fuera.»
«Quien ahora te oyese,
Si no te conociese,
Respondió el Caracol, en mi conciencia,
Que pudiera temblar en tu presencia.
Mas dime, miserable criatura,
Que acabas de salir de la basura,
¿Puedes negar que aún no hace cuatro días
Que gustosa solías
Como humilde reptil andar conmigo,
Y yo te hacía honor en ser tu amigo?
¿No es también evidente
Que eres por línea recta descendiente
De las orugas, pobres hilanderos,
Que, mirándose en cueros,
De sus tripas hilaban y tejían
Un fardo, en que el invierno se metían,
Como tú te has metido,
Y aún no hace cuatro días que has salido?
Pues si éste fue tu origen y tu casa;
¿Por qué tu ventolera se propasa
A despreciar a un caracol honrado?»

El que tiene de vidrio su tejado,
Esto logra de bueno
Con tirar las pedradas al ajeno.



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 2233
Título: 07. la mariposa y el caracol Ver poema "el silencio" completo (en nueva ventana)
Autor: Félix María Samaniego Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:


•
Gloria Fuertes
a.e.
Presiento la rosa en el tallo dormido,
presagio la caricia y presiento la pena.
Y el beso que han de darme,
y el llanto no nacido
humedece mis dedos
y entristece mis venas.
Presiento que me quiere
quien no puede quererme.
Presiento mis insomnios
y el llorar de una estrella.
Yo presiento su risa
-y en mis versos su huella-.

Y la risa que pasa,
y la duda que seca.
Todo presiento, todo,
lo que pasa en la tierra:

la caricia y el llanto,
el beso y el poema.

Que aunque puedo ser madre,
yo soy como un poeta.



Lo envió: SFP
01/01/1970 01:01
Veces mostrado: 2829
Título: presentimientos Ver poema "el silencio" completo (en nueva ventana)
Autor: Gloria Fuertes Ver todos los poemas disponibles de este autor
Libro: DESCONOCIDO
Fecha en que fue escrito: -
Idioma:



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